La humanidad ha sido creada, paso a paso, a través del proceso divino de evolución, por fuerzas muy elevadas del universo. Nosotros los seres humanos solo hemos evolucionado dentro del corazón de la Naturaleza para traer estas fuerzas al cuerpo, corazón y mente de la Tierra, para irrigar la Tierra con las energías conscientes que ahora necesita para avanzar en su propio desarrollo. Y también para avanzar el nuevo nacimiento de todo lo que depende de su desarrollo dentro del mundo cósmico. Sin las energías conscientes que solo los seres humanos pueden traer o si éstas son insuficientes, la evolución cósmica se parará, y de ahí, el descenso, es inevitable. La Tierra viva podría morir.

Nuestra ciencia comienza ahora a reconocer lo que se denomina la presión de la vida como la primera fuerza activa geológica que formó el mundo de la naturaleza terrestre en toda su sorprendente variedad e irresistible fuerza, en cada una de sus estrechas grietas, en cada superficie y en cada profundidad del mundo natural.

Vida es un poder invencible en nuestro planeta.

Vida es el brazo del Sol.

Vida, vida, por todos los lados.

La ciencia afronta este hecho antes que nada, en todas las cosas, en todos los lugares, y todavía, trata de explicar la vida como si surgiera de un accidente descorazonado..

Pero ahora, aquí, penetrando no solo el reino microscópico cercano e invisible, sino también otro cosmos completo dentro de nuestro universo conocido, nuestra ciencia humana está ahora confrontando una realidad que está llena de ausencia, que de momento es llamado el “mundo cuántico”, un mundo de propiedades que parecen mágicas, propiedades y fuerzas de lo que parece ser pura vacuidad -vacío no solo de la materia imaginable sino de leyes imaginables- mientras es al mismo tiempo una realidad de gran poder e inconcebible libertad y consciencia. Esta nueva realidad está siendo afirmada con tanta fuerza por la ciencia que puede muy bien servir como una invitación viva a buscar en nuestro interior la más elevada verdad, que el cosmos es en toda su dimensión insuflado por la energía indiferenciada de la consciencia.

Y la fuerza de este inconmensurable cosmos dentro de nuestro cosmos planetario surge para habitar la única idea o ley que queda por nombrar -la capa de invisibilidad que es al mismo tiempo la más visible de las realidades- una realidad que es incluso más fundamental que la vida biológica.

Querido Jerry, cuando llegues a ser Jacob -si llegas- conocerás esta última energía por el nombre actual que está emergiendo, el cual corresponde, en un nivel más elevado, con la frase la presión de la vida.

Y ese nuevo nombre de la verdad que ahora empieza a ser aceptable para los científicos honestos es:

La presión de la consciencia.

Siempre y en todo lugar, la consciencia en el corazón del corazón de la realidad, como un Sol más central que no solo ilumina el mundo universal, sino que constantemente y conscientemente actúa por medio de su profunda luz como el Creador de todos los niveles del mundo sagrado universal. en el nivel más profundo, la consciencia, o sea, la Visión, Purusha – crea mundos dentro de mundos.

Needleman, Jacob. I am not I. North Atlantic Books, Berkeley CA, 2016. Pág 91-92

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