UN ACERCAMIENTO A LOS MOVIMIENTOS DE GURDJIEFF

«En el hombre como en el universo todo está en movimiento. Nada está inmóvil o permanece igual. Nada dura para siempre o termina por completo. Todo lo que vive evoluciona o declina, en un incesante movimiento de energía. Las leyes que subyacen a este proceso universal eran conocidas por la ciencia antigua, la cual asignaba al hombre su lugar adecuado en el orden cósmico. Según Gurdjieff las danzas sagradas transmitidas a lo largo de los siglos, encarnan los principios de este conocimiento y nos permiten aproximarnos a él de una manera dinámica y directa».

Jeanne de Salzmann

Gurdjieff fue un enigmático maestro espiritual nacido en Armenia probablemente en 1866 que dota de base científica a la sabiduría que encuentra tanto en el entorno familiar y religioso de sus primeros años, como en diversos países de Oriente por los que posteriormente viajaría. Adapta este conocimiento al pragmatismo occidental, siendo muy importante que la alumna compruebe cada idea a través de su experiencia directa. Crea un sistema completo denominado Cuarto Camino encaminado al despertar de la conciencia en el que el trabajo espiritual tiene lugar en la vida cotidiana integrando las vías del cuerpo, de la mente y del corazón.

Gurdjieff observó cómo en diversos monasterios del Este utilizaban la danza como medio de transformación,  así  transmite una serie de ejercicios, danzas y movimientos inspirados en las grandes tradiciones espirituales destinados a este fin. Cuentan que pasaba noches enteras conectando con fuerzas arquetípicas y energías sutiles que después plasmaba en coreografías.

En un primer momento, estos Movimientos suelen ser un gran shock para la practicante ya que ponen de manifiesto nuestra forma automática de funcionar. Nuestro acercamiento a ellos señala cómo es nuestro acercamiento a la vida. Gurdjieff habla del «horror de la situación», necesitaremos coraje y muchas ganas de conocer la verdad para darnos cuenta de nuestra falta de atención, de honestidad, de voluntad, de nuestra incoherencia, egoísmo e infantilismo. No hay un «yo» que dirija mi vida, carezco de una estructura interna; en mí hay una masa amorfa de «yoes» discrepantes. En cualquier momento, de forma inconsciente, uno de ellos coge el mando para llevarme mecánicamente a los mismos lugares de siempre, generando las mismas reacciones de siempre, de modo que no doy una respuesta adecuada a la situación que vivo sino que sólo reacciono según mis condicionamientos. Ser capaz de mirar esto de frente y sufrirlo, es el primer paso hacia la transformación; si no veo ni siento la urgencia de Ser, no seré capaz de comenzar el heroico viaje que se requiere para llegar a la otra orilla.

El camino que propone Gurdjieff es un trabajo de Presencia anclado en el cuerpo, los Movimientos ponen en relación nuestro organismo con la conciencia. Adiestramos la mente estando atentas a la respiración, al hara, a las posiciones, a las diversas secuencias, a los movimientos internos, a las sensaciones físicas, al grupo, a la música y al espacio. No hay lugar para la divagación. Mente y cuerpo se mantienen unidos y abiertos para alcanzar la calidad de presencia requerida y, cuando ambos van juntos, el corazón solo puede seguirlos. Los tres centros (mente, cuerpo y sentimiento) vibran armónicamente estableciéndose un nivel de Presencia y de simplicidad de otro orden.

«Yo no puedo hacerlo pero no puede ser hecho sin mí». Esta joya de Jeanne de Salzmann cargada de sabiduría, resume el Trabajo. No puede hacerse desde los lugares ordinarios, seguir la coreografía va a exigir un cambio de contexto a nivel psicológico y físico. La mente que continuamente saca conclusiones ha de rendirse para que podamos ver y sentir desde un lugar inteligente; las tensiones físicas también ceden, aparecen energías más finas y el «instrumento*» afinado gracias a una atenta práctica está disponible para servir a la energía de arriba o al Señor, como la denominan algunas tradiciones. El yo ordinario pierde así su fuerza y se establece una atención de una cualidad muy fina, abierta e inclusiva; el cuerpo, también despierto, se mueve con gran precisión, hay una sensación física de espacio y silencio. Cabe aclarar que si bien estos momentos de «gloria» suceden, muy pocas personas son capaces de mantenerse ahí.

Por otro lado, ofrecen muchas posibilidades, cada uno participa desde donde está, todo el mundo, incluso niñas, ancianas y personas con discapacidades pueden beneficiarse de los efectos que la atención, la música y los movimientos tienen en el cuerpo, en la mente y en el corazón. Sin embargo, como señala Pauline Dampierre la calidad de la experiencia depende directamente de la calidad del objetivo, si quiero desarrollar la conciencia necesito cultivar un estado de recogimiento y presencia mientras danzo.

  • El conjunto de los tres cerebros, físico, emocional e intelectual constituye el instrumento que el alma necesita para aprender y cumplir su misión en la Tierra. Cada centro posee partes inteligentes y mecánicas; gran parte del trabajo consiste en conocer cómo funcionan parar poder situarnos en las partes inteligentes de los mismos y ver nuestra identificación con el mismo.

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