La seriedad de nuestro propósito interno

“¿Por qué se hacía eso? Por qué en los primeros días de Petrogrado, dijo el Sr. Gurdjieff a Ouspensky, que se iba a efectuar una reunión en el salón de una señora muy conocida, sólo para qué, llegado el momento y a a pesar de que había efectuado los arreglos juntos , se encontraran con que la reunión se efectuaba en un aula de una escuela pública? ¿Por qué era necesario inventar semejantes cosas para Ouspensky? ¿Por qué fue necesario organizar para mí, recién llegado, la reunión en aquel sospechoso café de Nevsky? ¿Por qué ahora este “Dr. Black”? ¿Por qué siempre una insinuación de charlatanería con presuntos discípulos precisamente en la primera reunión?.

Todo eso se puede explicar solamente por la determinación del Sr. Gurdjieff de hacernos Trabajar, de hacernos recordar nuestro verdadero propósito, el cual, si era serio, no podía ser sacudido por ninguna clase de acción de su parte. Los maestros generalmente se rodean de una atmósfera de gran seriedad e importancia para dar una buena impresión a los recién llegados. Con el Sr. Gurdjieff era exactamente lo opuesto: siempre presenta todo lo que podía repeler, aún asustar a un postulante. Un recién llegado tenía la oportunidad de conocer al Sr. Gurdjieff y hablar con él pero de inmediato se le ponía enfrente algún obstáculo que superar. Por otra parte el Sr. Gurdjieff nunca dejaba que un recién llegado se alejara con las manos vacías, si venía con preguntas verdaderas y hablaba acerca de algo que fuera de auténtica importancia para él”.

De Hartmann, Thomas. Nuestra vida con el Sr. Gurdjieff. Editorial Ganasha, 1979, págs 62-63

(La negrita es mía)

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