La “neura” como factor recordatorio

Una de las estrategias que considero claves en el apasionante viaje del corazón, es dar voz a aquellos personajes internos autocensurados y neuróticos. Permitir que se expresen con total libertad, que puedan decir lo que tanto tiempo han callado, sentir lo que ellos sienten y escuchar lo que gritan sus entrañas, es de un valor incalculable para recobrar nuestra salud fundamental.

Cuando puedo ver y atender los lugares de mi psicología más ocultos y socialmente inaceptables, enjuiciados como incorrectos, indeseables y mezquinos; se abre la oportunidad de traspasar la puerta que me permitirá experimentar de primera mano el lado oscuro y descubrir así información escondida durante mucho tiempo. Cuando la verdad pasa a ser más importante que la moral y dejo de alimentar los juicios, el corazón comienza a desarrollar una des sus más nobles funciones, ser un instrumento de conocimiento íntimo y necesario.

Gracias a esta comunión con mi infierno personal -y transpersonal-, conozco, porque solo conozco lo que experimento, y es este conocimiento, esta experiencia, lo verdaera ruta hacia la liberación. De esta forma se disuelven los nudos nucleares alrededor de los cuales han cristalizado estos yoes, estas amalgamas de pensamientos, emociones, tensiones físicas y conductas fabricadas como reacción defensiva al sufrimiento.

Una vez se suelta el núcleo central, es mucho más fácil que “la neura” adquiera la función de factor recordatorio. Es decir, que su aparición -que generalmente comienza a través de algún pensamiento- me ayude a recordar no perder el alineamiento con mi centro o volverme a alinear (si la fuerza centrífuga me ha sacado de mí misma). El poder del hábito no es ninguna broma y aunque la energía que encapsula y cristaliza al “yo” en cuestión se libere, la tendencia a caminar los mismos caminos trillados del psiquismo que constituyen mi rasgo psicológico no desaparece tan fácilmente,  ahora bien, ya no tiene tanta fuerza como para arrastrarme.

Este encuentro con nuestra sombra humaniza y nutre nuestras relaciones, otorgándonos la habilidad necesaria para desenvolvernos en la vida teniendo presente toda nuestra psicología y nuestras heridas. Siendo respetuosas y compasivas con nuestro dolor y con la psicología y el dolor de las demás, los juicios pierden su fuerza y nuevos espacios para la comunicación y la comprensión se abren.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *