La infantilización de la espiritualidad

Después de leer el artículo sobre la infantilización de la sociedad actual (https://benegasyblanco.com/2017/02/28/la-imparable-infantilizacion-de-occidente/) creo interesante indagar en las causas de dicha tendencia con el propósito de aportar una mirada más intimista que nos devuelva el poder para decidir al respecto. El alma se alimenta de atención; es el tiempo que estamos verdaderamente presentes, conectadas con nosotras mismas y con nuestra profundidad lo que posibilita la maduración de nuestra alma. Vivimos tiempos acelerados en los que la superficie está en un continuo e inquieto movimiento el cual favorece nuestra desconexión con la esencia. Dispersas, corriendo de un lugar a otro, hemos perdido el significado real de la Vida, del Amor, de la existencia y de la muerte. Desorientadas, sin un centro de gravedad y a menudo sin ser conscientes de ello, somos arrastradas por la fuerza de dinámicas mentales -reactivas e infantiles- tan difíciles de manejar que el crecimiento interior se presenta como una tarea de heroínas.

Otra de las causas de esta especie de apología del infantilismo es que no nos interesa la verdad. Preferimos huir del dolor ajenos al hecho de que es el sufrimiento vivido conscientemente uno de los motores fundamentales del aprendizaje y del crecimiento. Conectar con nuestro interior a menudo duele y sumergirnos en esta tristeza, desolación, desierto, nadeidad, …, nos da tanto miedo que se nos hace insoportable. Negamos estos lugares, los rechazamos individual y colectivamente y los clasificamos como indeseables.

La profundidad quiere sanar pero la superficie no quiere sufrir. El precio de madurar conlleva caminar hasta el centro de la herida, ubicarnos allí, acompañando, sin expectativas, conectadas con nuestro verdadero sufrimiento; sin Dios, sólo con el dolor, grande, cósmico, humano, compartido, enterrado y repudiado durante tanto tiempo.

Lee Lozowick, maestro ubicado por George Feuerstein dentro de la Loca Sabiduría, en sus últimos días advertía del sufrimiento que le suponía estar despierto, abierto a la totalidad. Mientras se acercaba su final en este plano, vivía 100% vulnerable, atreviéndose a ser traspasado por el mundo y por el inmenso dolor de la humanidad.

Ahora, en nuestro acercamiento infantil a la espiritualidad, buscamos a toda costa estar “bien”, nos atrae más la trascendencia que la verdadera transformación, rechazamos lo que no nos gusta o no encaja en nuestros esquemas condicionados y creemos que la Vía o las Enseñanzas nos van a salvar del miedo, de las penas o de las experiencias desagradables.

Es necesario abrir los ojos y ver que lo que está en juego es nuestra propia evolución, urge darse cuenta de que la verdadera Felicidad, la Alegría real surgirá de experimentar la totalidad, totalidad que por ende contiene los opuestos, no puede excluir la tristeza ni el 50% de la existencia.

Fotografía de Cornelis Van Niel

This article has 1 comments

  1. hubris Reply

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