La Horrible Belleza del Sufrimiento – RAM DASS

Hay diferentes estrategias para entrar en intimidad con el Uno que son apropiadas para distintas personas, diferentes acercamientos para diferentes personas.

Algunas pueden sentarse delante de una pared y vaciar su mente en una práctica Zen y conocer así la totalidad del momento. Otras no pueden hacer eso. Hay personas muy activas que no se puede sentar y para ellas el Tai Chi es una bonita forma de movimiento como práctica meditativa. Mucha gente es llevada por su corazón emocional; viven de forma relacional. Para ellas la oración o la contemplación llega a ser una bella técnica. Es como si tienes un amado, haces el amor con el amado y esta práctica se vuelve cada vez más central.

Oración y meditación pasan a ser los juegos previos que te llevan al lugar exacto donde el orgasmo tiene lugar, donde ocurre la fusión. Usas el dualismo para llegar al no dualismo, justo en el borde. La oración es una forma de dualismo en la que, en cierta medida, te separas a ti mismo de ti mismo para rezarte a ti mismo.

La pregunta entonces es ¿Qué pides en la oración?

Mira, yo no podría pedir nada; supongo que podría pedir estar más vigilante u oír con más claridad, pero ni eso. Cómo sé si se supone que tengo que oír más claramente o no. Lo curioso es que quien yo pienso que soy piensa que sabe la respuesta pero no la sabe.

Hay una frase de una carta que escribí a los padres de una niña que había sido violada y asesinada que me gustaría compartir con vosotros. Dice: “Algo en ti muere cuando soportas lo insoportable. Vas más allá del horror y del dolor porque lo insoportable te lleva más allá. No puedes con ello y es sólo en la noche oscura del alma que estás preparado para ver como Dios ve y para amar como Dios ama”.

Es la horrible belleza del Universo y saber que hay una sabiduría inherente en ella, que esa sabiduría incluye el sufrimiento y que el sufrimiento no es un error. Hasta que no descansas en el lugar que entiende esto, es bastante presuntuoso pensar que realmente sabes. He observado en el trabajo que hago con gente que esta muriendo, que sufren, sufren y sufren, y si pudiera, como corazón humano emocional, haría todo lo posible para quitarles su sufrimiento. Se me rompe el corazón y veo cómo el sufrimiento se va quemando hasta que ellos finalmente abandonan porque el sufrimiento es enorme. He observado que en el momento que abandonan algo emerge en su ser, tan bello y radiante y tan espiritualmente inocente, que es como si se encontraran con una parte de su ser que ha estado escondida durante todas sus vidas. Es como la ruptura del cascarón de un huevo.

Ocurrió con la esposa de mi padre, Phyllis, cuando estaba muriendo atravesamos un periodo donde tenía mucho dolor, voluntad y resistencia. Entonces se rompió, y en el momento que se rompió apareció alguien tan radiantemente bella que hizo volar su mente. Ambos estuvimos juntos en esta increíble gracia hasta el final. Ahora bien, yo miraba aquello con horror y con belleza. Hubiera acabado con todo ese sufrimiento si hubiera podido, porque realmente la amaba. Desde mi parte humana yo no quería que sufriera, y en el mismo momento, cuando la miraba desde el punto de vista espiritual, era ese sufrimiento el que había forzado esa ruptura del cascarón, el que había traído a su ser.

Ahora, ¿voy a decir que el sufrimiento apesta o que es bueno?. La horrible  belleza es que el sufrimiento es gracia y que el sufrimiento apesta. Hasta que no puedes permanecer justo en el punto de equilibrio y ver los dos lados ¿para qué vas a rezar? ¿escuchas la incongruencia?. Esencialmente estás diciendo, “lo quiero diferente porque no puedo soportarlo tal como es”.

Una vez ves lo que es y lo ves de forma completa, realmente no quieres cambiarlo. Quizás quieras entenderlo, pero no querrás cambiarlo. Es justo la horrible belleza del sufrimiento.

Traducción: Blancadakini

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