Desde nuestro enfoque es fundamental el trabajo con el ruido. Anhelamos ese estado de paz y silencio pero estamos hipnotizadas por lo mental, -entendido éste como el conjunto de fijaciones cognitivas y reacciones emocionales que nos asaltan más allá de nuestra propia voluntad-. Las sirenas que cantan a Ulises, el entramado de deseos y rechazos, los fuegos artificiales de la existencia tienen de momento un gran poder sobre muchas de nosotras.

Comenzamos nuestra meditación de la mañana -después de varios años de sincera práctica- y somos arrastradas hacia laberintos imaginados en una especie de masturbación mental -como diría Gurdjieff- a veces incluso creyendo las historias que este aparato formatorio nos cuenta. Otras veces luchando en contra, pensando que esta hipnosis no debería de estar ocurriendo. En mi compromiso con la honestidad, de momento solo puedo acoger el ruido, algo se suelta entonces, coloco el sentimiento de “yo” en la vigilancia (awareness), y aparece el deseo de ser una con lo que es.

Aceptando mi mecánica humanidad, escucho el ruido para conocer un poco más el instrumento; a la vez en conexión con mi vientre, disfruto del silencio y del vacío de mi Ser, ya no me frustra el juicio hacia los resultados de mi práctica, acojo el incansable movimiento de la manifestación, sabiendo que en este vaivén, Yo Soy.

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