A veces está la tentación de arribar a la conciencia o a los insights, a la sabiduría de la profundidad para poder coger las perlas que me ayuden a tener éxito en el plano de la existencia, es algo que cabe esperar ya que parte de nuestra vida tiene lugar en el plano de la manifestación y de momento, para la mayoría de las mortales, el yo necesita ser querido, reconocido, tener buena salud, ganar dinero… Lo que ocurre es que esta actitud lleva el riesgo de confundir niveles y además, no funciona. El verdadero camino hacia el alma, entendida ésta en el sentido pitagórico del término, no es de este mundo. El reino de los cielos funciona con otros parámetros y lo que en este nivel es un éxito puede significar un auténtico fracaso en el plano de la materia.

Para acceder al silencio, a la quietud, hemos de despojarnos de toda identificación, es un camino hacia la desnudez. Creer que mi estado de evolución o que las prácticas me van a proteger de todo lo que no me gusta es completamente falso. Leo a médicos o escucho a personas que te hacen sentir responsable  -incluso culpable- porque tienes una enfermedad o un fracaso sentimental o profesional. ¡Como si estuviera en nuestras manos el control de la vida, cuando el mismísimo Ramana Maharsi murió de cáncer!. Veo posts “espirituales” que rezan frases como “todo lo que deseas lo puedes tener”; escucho hablar de abundancia y de la ley de atracción como si el tener mucho fuera positivo y opcional, olvidando que desde una perspectiva verdadera y holística “abundancia” no significa “mucho”, sino “suficiente”. Si lo que queremos es desvelar el Ser, la riqueza material podría ser un gran obstáculo. Hemos de estar alerta con todo aquello que nos aleja de la sencillez y de la sobriedad, también de los despliegues emocionales excesivamente sentimentalistas tan de moda hoy en día.

Esto no quiere decir que no podemos llevar a cabo determinadas acciones para vivir una vida más saludable. La dieta, el cuidado del cuerpo, la higiene mental y emocional, un trabajo digno, una economía estructurada, una red social nutritiva, una vida ordenada y feliz son deseables e importantes para mantenernos alineadas. Tampoco creo que haya que ser materialmente pobre para cultivar el espíritu, pero pensar que cuanto más evolucionadas estamos menos eventos desagradables ocurrirán en nuestras vidas es cuanto menos infantil. El Universo no está para satisfacer los deseos de nuestros yoes. Además es inabarcable, la Inteligencia de la Vida es un enigma, hay millones de interconexiones invisibles de las que no tenemos ni idea y no podemos más que rendirnos al Misterio y confiar en que lo que llega, visto con perspectiva, es perfecto.

Hay un sufrimiento que no se puede evitar y el verdadero camino consiste en relacionarme de forma feliz con el 100% de la existencia, con lo que me gusta y con lo que no me gusta, con la alegría y con la tristeza, con la abundancia y con la escasez, con el odio y con el amor, con la enfermedad y la salud, con la buena suerte y con la adversidad. Ardua tarea que comienza haciéndonos conscientes de la impermanencia y del cambio.

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