El arte auténtico -el Arte Dhármico- es sencillamente un acto de no agresión.

Arte Dharma- Chögyam Trungpa

Cuando hablamos de Arte Dharma no nos referimos a un arte que represente necesariamente símbolos o ideas budistas… si no a un arte que surge de de terminado estado mental por parte del artista. Podemos llamarlo “estado meditativo”: una actitud durante el proceso creativo directa y no autocentrada.

El problema básico en la producción artística  es la tendencia a crear una separación entre el artista y el “público”, de forma que el primero trata de enviar un mensaje al segundo. Cuando esto ocurre el arte se convierte en exhibicionismo: al artista le viene una tremenda inspiración y se apresura a plasmarla en el papel para impresionar o entusiasmar a otros; o en el caso de artistas muy meticulosos, planean estratégicamente cada paso de su obra para provocar ciertos efecto en los espectadores. Pero por muy bienintencionados o muy logrados técnicamente que sean, estos enfoques se vuelven inevitablemente torpes y agresivos, hacia los demás y hacia uno mismo.

En el “arte meditativo”, el artista encarna tanto al espectador como al creador de las obras. La visión no está separada de la ejecución, y no hay temor de ser torpe o de fracasar en el intento de plasmar su aspiración: el artista sencillamente crea su pintura, su poema, su pieza de música lo que sea. En este sentido, un novato total podría coger un pincel y con el estado mental adecuado, crear una obra maestra. Pero este enfoque es muy impredecible. En el arte, como en la vida en general, debemos estudiar nuestro oficio, desarrollar nuestras habilidades y absorber el conocimiento y la sabiduría transmitidos por la tradición.

Pero, tanto si adoptamos la actitud del estudiante, que podría volverse más competente en el manejo de los materiales, como la actitud de un maestro consumado, cuando estamos creando una obra de arte la sensación de confianza es total; nuestro mensaje no es otro que el de apreciar la naturaleza de las cosas tal cual son y expresarla sin ningún tipo de lucha de pensamientos ni miedos. Abandonamos la agresión tanto hacia nosotros mismos -debemos hacer un esfuerzo especial para impresionar a los demás- como hacia los demás -podemos transmitirles algo.

El arte auténtico -el Arte Dhármico- es sencillamente un acto de no agresión.

Traducción principal: Meritxell Prat

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