DISTINTAS ETAPAS EN LOS MOVIMIENTOS DE GURDJIEFF

« […] Era sorprendente descubrir un conocimiento de este arte (danza) en alguien cuya enseñanza era tan vasta. Todo el mundo tenía la sensación de que estaba en presencia de algo único que venía de muy lejos y de muy arriba: un antiguo conocimiento de las leyes del universo, de las leyes que gobiernan los movimientos y las posturas, de las leyes de la armonía del cuerpo y de sentimientos de un orden elevado. Cada posición, cada tempo, tenía que ser ejecutado con gran precisión. Gurdjieff a menudo utilizaba la expresión “hacerlo exactamente”. Cuando este “hacerlo exactamente” estaba presente cada postura resonaba en nosotros como un profundo eco de algo mucho más alto. Brotaban fuerzas olvidadas desde hace mucho tiempo».

Pauline Dampierre

Las distintas etapas que atravesaremos durante la práctica de Los Movimientos se corresponden con los distintos niveles de inteligencia o cuerpos de los que habla Gurdjieff. Si bien el cuerpo pertenece al mundo físico, tiene sustancias que corresponden al mundo astral, al mundo espiritual y al mundo divino. El Trabajo está destinado a acumular y organizar estas sustancias más sutiles de forma que adquieran cierta permanencia y se vayan formando así los distintos cuerpos.

Cuando a través de la atención y del cuidado, la inteligencia del primer cuerpo o cuerpo físico despierta, éste toma su lugar dentro del instrumento posibilitando que la mente y el centro emocional también se alineen.

El segundo cuerpo o cuerpo astral comienza a crearse cuando la energía que viene de la parte superior e inteligente de la mente se une al cuerpo físico, el cuerpo obedece a esta corriente y los movimientos se hacen más libres, dejamos de reaccionar para comenzar a actuar, a nivel psicológico hay un yo que estructura y ordena el resto de yoes, ya no es un centro el que prevalece sino que, pienso, siento y actúo en la misma dirección.

El tercer cuerpo correspondería al cuerpo espiritual, es el mundo del Yo real, el nivel de las Ideas y el cuarto sería el cuerpo divino, el del Yo divino o el del más allá del yo, la patria del alma, la fuente. Estos cuerpos se corresponden con los niveles de auto recuerdo. Si bien estos cuatro estadios son secuenciales y afianzarnos en cada uno de ellos exige un conocimiento exhaustivo del anterior, no son estancos sino que están interconectados de forma que podemos tener experiencias de todos ellos aunque sea de forma esporádica. Conviene matizar que esto no deja de ser un esquema pedagógico de un fenómeno inabarcable lingüísticamente. Por un lado los cuerpos están plenamente formados, y por otro hay que acumular unas ciertas sustancias para su desarrollo.

En relación con la danza, el nivel más superficial es el de la forma, como decíamos más arriba las posiciones han de realizarse con precisión. Una vez hemos interiorizado correctamente las posturas, podemos comenzar a sentir cómo es el movimiento energético a nivel interno; los cambios de posiciones alteran el recorrido de la energía, por ejemplo si subo la cabeza se abre un espacio receptivo a la fuerza de elevación que viene lo alto, si la bajo hay un descenso hacia el cuerpo, hacia la energía de la tierra, a través de los pies y la cualidad de los pasos me energetizo con la fuerza de gravedad y el fuego o me adhiero a una energía más ligera y etérea, con los movimientos de los brazos puedo detener el flujo o abrirme a recibir. En este nivel al comienzo hay un continuo ajuste de la cantidad de energía que llevo a cada postura, hemos de estar atentas al tono muscular y también al alineamiento para que la energía fluya correctamente por la columna vertebral. Es también extremadamente importante el trabajo de contención y sumisión a esta energía porque es lo que va a permitir la alquimia de la transformación. Necesitamos gran cantidad de energía burda para obtener un poco de energía sutil que vaya cristalizando y consolidando el segundo cuerpo. Este proceso lleva implícito una sanación a nivel celular que se hace patente a través del movimiento, la danza, el grupo y la música. A veces siento como si las células, ayudadas por la vibración del sonido y del movimiento, soltaran memorias, impresiones o patrones derivados de traumas y se liberaran y abrieran a nuevos modelos de estructura originados desde una salud fundamental. Esta experiencia totalmente física va acompañada siempre de una lucidez mental, de un sentimiento verdadero de alegría, de gozo y de un compartir real con el grupo desde un lugar que no sé cómo describir pero que quizás sea una de las antesalas del Uno.

Una vez adquirida la suficiente experiencia sobre estos primeros niveles, accederíamos al tercer nivel, el de los impulsos, el cual requiere conocer nuestro centro de inmovilidad situado en el hara y nuestro centro del sacro del que parten los movimientos internos que están detrás de las posturas. Si logramos profundizar en ellos podremos asumir ya el reto de pasar a «quitarnos del medio» volviéndonos instrumento para que el arquetipo de la danza se exprese a través de nuestro cuerpo mientras somos pura consciencia que observa.

Arnaud Desjardins, a través de una fórmula que le da su gurú Swami Prajnanpad explica la actitud que puede ayudarnos en esta evolución:

«Swamiji decía: “Interiormente sean activamente pasivos, exteriormente sean pasivamente activos”. ‘Exteriormente, pasivamente activos’ quiere decir activo pero con un no actuar, un soltar presa, una sumisión interior. Y, ¿por qué ‘interiormente, activamente pasivos’? Si ustedes no ejercen cierta actividad para volverse pasivos, no serán silenciosos interiormente: estarán agitados, los pensamientos aparecerán. El más pequeño impulso motor es una acción, un pensamiento es una acción mental. Si están satisfechos de no hacer nada, “échense, relájense, hagan el vacío, no piensen en nada”, en lugar de no pensar en nada, van a dejarse atrapar por las asociaciones de ideas, las distracciones, y no serán pasivos en absoluto. Vistos desde el exterior, permanecerán inmóviles, pero ¿también interiormente? […] Exteriormente, sean pasivamente activos, como un instrumento de la verdad que tiene una comprensión superior a la comprensión ordinaria de la mente. Interiormente, sean activamente pasivos, vigilantes».

Sin ánimo de desalentar a nadie pero siendo fiel al requisito de honestidad imprescindible para entrar en cualquier  Vía considero importante señalar que estabilizarse en cada uno de estos cuerpos suele llevarnos décadas. Sí hay momentos de silencio, de conexión, de ecuanimidad y de equilibrio ante el apego y el rechazo; se viven estados despiertos más o menos duraderos e incluso se pueden tener visiones del Atman practicando los Movimientos, sin embargo esto se desvanece. Hay un dulce sabor al principio, el recuerdo y la nostalgia del paraíso perdido, después llega la frustración al ver cómo el laberinto psicológico de condicionamientos está todavía el mando de la situación constatando así el poder tan grande de la mecanicidad. El mental, el mentiroso o satán en el cristianismo, manas en el vedanta, es una fuerza que no podemos subestimar.

Por todo ello, creo importante añadir que no conviene dar demasiada importancia a estas experiencias de «iluminación» mientras no estén estabilizadas. Si nos apegamos a este tipo de éxtasis existe el peligro de desarrollar una enfermedad espiritual y perder así de vista el objetivo: trascender el yo, cayendo en picado en lo que Chögyam Trungpa llama materialismo espiritual, es decir, utilizar las técnicas espirituales para fortalecer nuestro egocentrismo.

Recordemos que este trabajo sólo tiene sentido en la medida que puedo trasladarlo a la vida. El reto es relacionarme conmigo, con las personas que me rodean y con el mundo en general desde el estado de presencia que requieren los Movimientos. La acción que buscamos en el terreno de juego es también un movimiento desnudo de “yo” que nace de un centro de quietud y silencio y expresa la actitud justa. La Belleza que emana de esta quietud en movimiento está más allá de la mente conceptual y podría ser quizás también una forma de arte objetivo. Cuando nos volvemos receptivas a nosotras mismas, a la esencia de la danza de la vida, podemos conectar con una sabiduría perenne, con una inteligencia suprema que se expresa a través de la acción encarnada, en este plano de conciencia accedemos a la inteligencia del corazón de la que surgen sentimientos profundos de Paz, Unión, Alegría y Amor, más allá del juego de opuestos.

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