Mientras vamos aprendiendo qué significa el Trabajo, algunas de nosotras pasamos años enredadas entre viejos hábitos mentales, profundas heridas, un anhelo verdadero de transformación -que a menudo tiene su origen más en el sufrimiento, en el deseo de que las cosas sean diferentes que en la aceptación, y una seria disciplina aplicando las prácticas: horas de meditación, movimientos sagrados, asanas, lecturas, ejercicios a nivel de corazón, etc.

Lleva un tiempo darse cuenta de hasta qué punto el trasfondo del no-Amor crea un muro invisible que separa la pre-práctica de la Práctica. Antes de aprender a observarnos algunas de nosotras pasamos un largo periodo juzgándonos, aplicando una absurda moral a nuestras emociones (yo no debería de estar sintiendo esta tristeza o es malo sentir rabia) y a nuestros pensamientos, identificándonos con ellos y machacándonos cuando no actuamos como nuestro super-ego supone que tenemos que comportarnos. La dificultad reside en que este trasfondo, cada vez más sutil, ocurre al mismo tiempo que avanzamos en algunos terrenos importantes: quizás estamos más atentas, más amables, nuestras relaciones son más ricas, podemos anclarnos en el hara, sentimos ya una especie de paz instalada, etc.. Esta confluencia puede llegar a velar el funcionamiento subrepticio de este germen de no amor de forma que sigue contaminándonos por dentro y boicoteando un avance radical.  Este mecanismo puede asustar al principio pero, una vez empieza a hacerse cada vez más evidente, nos damos cuenta de que no es tan grave, sabemos que una parte importante de este juego consiste en trabajar de forma hábil con las resistencias y esta cualidad de no-Amor, aunque es base y fundamento de la estructura, hemos de abordarla como otra resistencia más.

De hecho, en el momento que la luz de la pura vigilancia* es capaz de destapar dichos hábitos, estos pequeños rechazos inapreciables hasta entonces, el corazón empieza a abrirse, a comprender y a incluir. Este momento sumamente precioso, en el que a través de la observación amo lo que antes me causaba tanto rechazo, supone un cambio en la buena dirección.

*Como señala Red Hawk, en su libro Auto-observación: un manual del usuario publicado por Hara Press, hay cuatro características inherentes a la verdadera observación: no cambiar lo que observo, auto-observación sin juicio, estar anclada en el cuerpo y una auto-honestidad implacable.

Escultura de Seon Ghi Bahk

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