Aceptar lo Inaceptable

Un camino auténtico no solo se alimenta de momentos de paz, beatitud y silencio, se fragua también a golpe de fricción. Quizás los avances más significativos se producen después de sufrir la confrontación con alguna de nuestras viejas formas de pensamiento, las cuales están tan sólidamente integradas que creemos absolutamente verdaderas e inherentes a nosotras mismas. Es los que Gurdjieff denominaba “topes” o “amortiguadores”.

Afrontar estas cristalizaciones psicofísicas supone afrontar nuestras contradicciones y cuestionar radicalmente la forma de ver la situación en la que estamos envueltas. Generalmente hay una demanda de inclusión de aquellos aspectos que mi yo ordinario preferiría no formaran parte del cuadro. Llega un momento en el que el Dharma pide que nos guste lo que no nos gusta y conozcamos qué hay detrás de nuestro deseo de que lo que es, no sea; de que determinada persona no se comporte de tal manera (que es a todas luces errónea) o de que la situación en la que nos vemos envueltas sea distinta.

La dificultad de atravesar estos nudos también reside en que a un nivel tenemos razón, obviamente la comunidad funcionaría mejor si no votáramos a políticos corruptos; ahora bien, rechazar la realidad, lo que es, supone enredarnos en una forma de mentira que no va a ayudar a mejorar la ecuación.

Hay un nivel, al que desde nuestro funcionamiento automático habitual no tenemos acceso pero que podemos sentir en momentos de apertura, en el que la inteligencia de la Vida está operando. Se nos pide comprender, en el sentido de entender y en el sentido de incluir. Estas personas no pueden no hacer lo que están haciendo, hay innumerables cadenas de causas y efectos que desconocemos pero que no pueden no tener lugar, hay aprendizajes que han de darse a través de ensayo-error, hay tomas de conciencia que son más importantes que los deseos de nuestros pequeños “yoes”. La invitación es a, como diría Arnaud Desjardins, aceptar lo inaceptable. Son momentos difíciles porque avivan el fuego que quema y carboniza nuestra estructura, pero este es el camino y el precio de la libertad.

Esto no quiere decir que no militemos y que dejemos de perseguir las causas que creemos justas. Sin embargo, lo que pone de relieve es la urgencia de dejar espacio a que el otro (sea este otro una persona, un comportamiento o una situación concreta) sea; sea lo que es y esté donde está. La meta es que llevemos a cabo nuestras acciones desde una perspectiva que comprende. Cuando podemos ver más allá de la superficie de las cosas y decidimos dar un paso en esta dirección, inmediatamente dejamos de alimentar el conflicto y pasamos a formar parte de la solución. Probablemente a esto se refería Einstein cuando afirmaba que no podremos solucionar un problema desde el mismo nivel de conciencia en el que se ha creado.

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